La Azoka de Durango cumplirá medio siglo en la presente edición, y la asociación Gerediaga ha querido recoger los 50 años de historia de la feria en el libro "Durango 1965-2015". Los autores son Jesus Mari Arruabarrena, Txelu Angoitia y Joseba Sarrionandia: el primero de ellos ha recogido testimonios sobre la historia de la Azoka; el segundo ha plasmado en el libro la parte visual y artística de la feria; y Sarrionandia, en cambio, le ha puesto el marco a la historia de la Azoka, a través de un ensayo valiente y muy personal.

En la obra, por lo tanto, podremos conocer a un Sarri al que no estamos acostumbrados: lejos de la ficción, que se moja en la realidad, aportando su visión del mundo, de forma directa, en primera persona, y con cercanía. Con el objetivo de conocer mejor su trabajo, hemos realizado una entrevista con Joseba Sarrionandia (traducido en redacción).

¿Qué sensación te produjo el encargo del libro de la Azoka?

Pues me alegró mucho el hecho de que se hayan acordado de mí en mi lugar de origen. Después, me planteé que no me animaría a escribir la historia de la propia Azoka, porque no la he conocido desde dentro. Pero sí su contexto histórico, eso lo hemos vivido todos desde dentro. Y en mi caso, además de desde dentro, también lo he vivido con responsabilidad.

En el libro comentas que conociste la Azoka en su segunda o tercera edición, con 7-8 años. ¿Cómo recuerdas aquella primera feria?

Era una cosa extraña. El euskera en aquel entonces era un "idioma de montaña", del mundo de nuestros aittites-amamas, y no tenía espacios en la vida pública. Tan sólo se le otorgaba valor folclórico o arqueológico: al igual que las carreras de burros o un bertso-saio en las fiestas de algún barrio. En la ciudad y en las cosas modernas el euskera estaba prohibido. Y la Azoka fue una cosa extraña, porque abrió al euskera la ventana de la modernidad y la ciudad.

Las autoridades pensaron que la Azoka iba a ser una actividad relacionada con el folclore y la arqueología, sobre una lengua que se estaba muriendo. Pero la nueva generación no se conformó con ir a funerales. Querían resurgir el euskera y vivir en euskera.

Fue una cosa extraña, porque comenzó con esa dualidad. A pesar de ser legal, anduvo durante años en la frontera de las prohibiciones.

liburua¿En algún momento imajinaste que la Azoka cumpliría 50 años y tomaría la dimensión de hoy en día?

Yo conocí la Azoka en el pórtico de Andra Mari y en la Plaza del Mercado, al final de la década de los 60 y en los 70, y en 1979 por última vez. La dimensión que tiene hoy en día yo también me la tengo que imaginar.

En el libro has recopilado varios datos, tanto de acontecimientos acaecidos en el mundo como en Euskal Herria. ¿Cómo ha sido el proceso de documentación?

Ese periodo es precisamente el de mi vida, desde que tenía 7 años hasta día de hoy. Por lo tanto, no hay temas que me sean desconocidos, el trabajo ha sido más de racionalización: cómo explicar temas tan complejos, cambios tan grandes... Más que un proceso de documentación, ha sido un trabajo de síntesis.

¿Te ha sido muy difícil resumir los 50 años de historia? ¿Te has dejado algún tema en el tintero?

Es muy difícil resumir lo que ha pasado en el mundo en 50 años. La objetividad es imposible: hay que elegir qué contar y es necesaria la arbitrariedad.           

Nos ha parecido un libro valiente, es la primera vez que te leemos escribiendo de esta forma...

He escrito el libro tal y como pienso, sin autocensuras, y como hay muchos temas polémicos, puede ser que otros tengan una opinión distinta, o que piensen que yo antes tenía otra opinión. No escribo los libros para que los lectores estén de acuerdo conmigo. El mejor piropo que le pueden hacer a un ensayo es que es polémico.

En el libro has recogido numerosos hechos, y una de tus conclusiones es la siguiente: "No se puede decir que el balance de la humanidad sea muy positivo". El que realiza una lectura optimista... ¿es porque no tiene toda la información?

En algunos temas, estos 50 años han sido muy productivos, pero en otros no se ha adelantado nada. A quien tenga un poco de sentido crítico se le trata de negativo: parece que el optimista es a veces quien aparece en la televisión con una sonrisa tonta diciendo sinsentidos. Pero claro, ser un ignorante y un irresponsable no se debe confundir con ser optimista.

En el libro también has tenido oportunidad de reflexionar sobre el futuro. La Azoka también se ha puesto la vista en el mañana: ¿cómo te imaginas la edición de 2065?

Ja, ja, ja, no me vas a dejar estar presente, ¡aunque sea por un par de años! A saber si se utilizarán discos y libros, igual todos los stands los meten en algo parecido a una caja de cerillas.           

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